Un plan estratégico para Ceuta


Para establecer lo que queremos que Ceuta sea en al futuro, es preciso primero hacer examen de conciencia. La ciudad no tiene viabilidad como plaza comercial con dos clientes casi únicos que son la Península y Marruecos. La Península porque, desde la entrada de España en la Comunidad Europea y la apertura de la verja de Gibraltar, seguida de la última liberalización del pasaporte como medio de acceso a la Roca, los visitantes han caído en picado, a lo que contribuyó de forma decisiva los altos precios del transporte marítimo.

Por otro lado, Marruecos ha pasado en pocos años desde una política de importaciones altamente restrictiva, a una progresiva liberalización. Los aranceles en éste país están al 50% de hace cinco años y se anuncia una asociación a la Unión Europea que llenará Marruecos de productos que ahora se compran en Ceuta. De otro lado, la creciente industrialización marroquí, en buena parte gracias a empresas españolas, terminará por conseguir el control efectivo de la frontera con Ceuta y, por tanto, la inexorable desaparición de Marruecos como cliente.

Además de esto, hay objetivos que Ceuta mantenía vivos y será preciso reconocer difíciles de conseguir a medio plazo. Uno de ellos es la instalación de una aduana comercial de parte marroquí. Abonan estas tesis razones de política territorial de este país e incluso económicas por el declive que supondría para la ciudad de Tánger y su puerto.

Por otra parte, Ceuta debe desconfiar de su puerto como motor de desarrollo. Más de diez años de inexorable declive son más que suficientes para entender que no existe voluntad política en España para competir duramente con Tánger y Gibraltar. Nuestras instalaciones portuarias servirán a la ciudad en la medida que aseguren su abastecimiento, pero no serán el motor decisivo de desarrollo de otros tiempos.


Todo esto cambiaría por supuesto si España estableciera de una vez su política con el Magreb occidental y en ella estuviera comprendida una clara negociación de los estrangulamientos a que está sometida Ceuta, tanto en la inexistente aduana como en el puerto y sus perspectivas. De todas formas, desde el gobierno Suárez hasta hoy mismo, España ha mantenido sonoros bandazos en su política con Africa del Norte y siempre ha eludido hablar de Ceuta, incluso para temas como las aguas territoriales o la referida aduana que son esencialmente justos.


LA BRÚJULA

Sentado el precedente, salvo cambios de última hora, de que Ceuta no puede contar con los compradores peninsulares de otros tiempos, ni con sus ventas irregulares a Marruecos porque irán bajando, ni con industria porque carece de suelo, agua y salarios adecuados, ni con el puerto porque no resulta competitivo ni para abastecimiento ni para pasajeros, parece que todo desemboca en establecer un nuevo modelo económico para la ciudad y ello a nivel general sin entrar en detalles. La elección de ese modelo económico para el futuro, quizás los próximos 50 años, condicionará otros muchos trabajos de previsión algunos de los cuales están en marcha. El urbanismo, las infraestructuras, la fiscalidad, el sistema de integración en la Unión Europea, todo absolutamente todo será distinto según el enfoque económico que se elija.


Si Ceuta decide convertirse en un centro de servicios para intercambios comerciales y transacciones bancarias, la ciudad deberá ser diferente a si se decanta por convertirse en una villa turística y, en este último caso, variará incluso si pretende postularse como plataforma hacia Marruecos o, simplemente, como un recinto cerrado y occidental. E incluso, puede que se opte por un sistema mixto en el que se dejen abiertas varias posibilidades.


En cualquier caso, lo cierto es que los inversionistas locales y foráneos, los políticos y los ciudadanos en general tienen que saber hacia dónde caminamos desde el punto de vista económico y global.

APUESTA POR EL FUTURO

El plan estratégico para Ceuta debe partir sin duda de un profundo conocimiento de la realidad local y su entorno, junto a una experiencia en soluciones dadas a territorios similares a Ceuta. La mentalidad local unida a la visión externa puede dar en este caso magníficos resultados.

En cualquier caso, Ceuta elegirá entre varias interesantes posibilidades que se le presentan y ello de acuerdo con el gobierno central que debe ayudar legislativa y diplomáticamente en cualquier caso. Citemos algunas de esas posibilidades:


Ceuta exportadora: Para ello sería necesario que la Unión Europea consigua que Marruecos estableciera la aduana en su frontera con Ceuta. Esta ciudad se convertiría así en un depósito de productos esencialmente europeos que serían exportados a Marruecos legalmente, gracias a las posibilidades de servicio rápido y las cantidades moderadas.


Para esto sería imprescindible ofrecer contrapartidas a Marruecos, bien en la mejora de infraestructuras en la zona norte, participación en empresas mixtas a crear, establecimiento de zonas fronterizas de almacenaje, fabricación con mano de obra marroquí, pago en divisas por el abastecimiento a Ceuta de todo tipo de productos, etc.

Si a esto uniéramos una mejora de las condiciones de exportación de Ceuta hacia la Unión Europea (reglas de origen) el cuadro sería completo y Ceuta se convertiría en una base exportadora de primera magnitud.


Esto precisaría, sin duda, de un sistema bancario ágil y de unas determinadas medidas respecto al puerto.


Ceuta turística: Teniendo en cuenta que el turista no puede establecer su viaje en base a las diferencias de precios porque estos no justificarían un traslado, es necesario elegir entre seguir siendo como hasta ahora una ciudad cerrada que renuncia voluntaria y conscientemente a ser la puerta de Marruecos o aspirar a convertirse en la base de excursiones al vecino país.


En caso de que se decidiera la primera opción, es decir, la vía marroquí, ello nos obligaría a aceptar lo evidente: Ceuta está en Africa y reúne en su población cuatro culturas diferentes, una de ellas la musulmana con un 30% de presencia entre sus habitantes.


Y sería preciso establecer estrecha colaboración con tour-operadores españoles y marroquíes a través de una oficina comercial de Ceuta para el turismo porque habría que salir a vender en España y Marruecos la posibilidad de visitar este país sin moverse de la Unión Europea o, al menos, llegando y volviendo a través de Ceuta.

Y es preciso descartar la posibilidad de seguir manteniendo la realidad actual, donde el turista sólo encontraría algunas bonitas vistas sin organizar, el parque del Mediterráneo y una red comercial ciertamente anticuada en general después de pagar más de 5.900 pesetas por persona del viaje.

MEDIDAS IMPRESCINDIBLES

Es preciso abandonar la idea de ciudad que ha existido hasta ahora y adoptar un criterio de comunidad autónoma aunque el nombre oficial sea otro. Como ente autonómico, Ceuta tiene derecho a pedir medidas de tipo general a las que sin duda puede aspirar y ello directamente y con energía, sustituyendo la figura del alcalde que va a pedir, por el presidente que va a "exigir razonando" porque tiene una Comunidad en espera de desarrollo político y económico durante más de 17 años.


Y con este planteamiento, la Ciudad de Ceuta debe recuperar su propio sistema de distribución de tabacos, perdido por la desidia de unos y la picaresca de otros, para gozar de un atractivo turístico y de abastecimiento portuario más, todo con los debidos controles.

Por otra parte, el sistema bancario y de establecimiento de sociedades "off shore" debe conseguirse para asegurar rapidez, eficacia y flexibilidad en las operaciones internacionales. Varios bancos y cajas de ahorro españolas operan con este sistema en Gibraltar y pueden hacerlo igualmente en Ceuta si se obtiene el marco jurídico adecuado.

En tercer lugar, no cabe duda de que la Ciudad de Ceuta debe abordar de una vez por todas el problema de las comunicaciones con la Península, pero también con Marruecos. No es posible seguir pretendiendo que una comunidad se desarrolle turística o económicamente cuando simplemente llegar a ella y volver cuesta 48 dólares. En el mercado internacional, pagar este precio por una hora de navegación y sin excesivas comodidades en tierra o a bordo, es impensable. Ni en el Canal de la Mancha, barco o túnel, ni en las conexiones de los países nórdicos, ni en el Bósforo, se pagan estas sumas. Pero la intervención ceutí deberá ser además muy activa para conseguir que las compañías salgan a buscar tráfico y no se conformen con los "viajeros cautivos", inmigrantes y ceutíes, que son los actuales usuarios de las líneas marítimas. Y en esta tarea, normal en cualquier parte del mundo, deberá colaborar la consejería de turismo mediante campañas publicitarias debidamente planificadas, efectivas y valientes.


Y luego están las comunicaciones regulares con Marruecos, limitadas tras la independencia del vecino país en 1956 y suprimidas simple y llanamente con posterioridad. Porque cuando el turista se entera que en Ceuta terminan sus posibilidades de continuar viaje sin hacer trasbordos, se queda estupefacto. Destruida la línea ferroviaria, ni un autobús, ni un taxi, ni un barco une a Ceuta con Marruecos. Se trata de una situación anacrónica y tercermundista mas propia de países enemigos que de aliados "condenados a entenderse".


En efecto, la valentía será necesaria para vender nuestra ciudad como residencia de cuatro culturas diferentes y dispuesta a mostrarlas a todos los turistas. Y ello, porque la pública exposición de símbolos, folklore y costumbres, puede producir convulsiones en sectores inmovilistas demasiado activos y poco razonables.


Y desde luego que ese plan estratégico para Ceuta que resulta imprescindible, encontrará sin duda durante su estudio y redacción multitud de posibilidades adicionales que podrán incorporarse a las ya comentadas en este trabajo. Pero lo evidente es que Ceuta no puede seguir siendo la ciudad sin futuro y sin rumbo que es ahora mismo y donde se pide, por un lado la libre competencia y por otro lo contrario, donde se vive del vecino pero se niega nuestra africanidad y en la que la falta de inversión y de perspectivas de futuro forman un círculo vicioso imposible de seguir manteniendo.

Este artículo se publicó en El Faro de Ceuta el 26 de Noviembre de 1995, hace 25 años.

También fue incluido en el libro “Ceuta: problemas y soluciones”. (Julio, 1997)

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