Ceuta, Melilla, Canarias y el Sáhara


Las recientes declaraciones del Jefe del Gobierno marroquí Saadeddine Othmani a un canal egipcio de televisión, han generado un gran movimiento en la prensa española, porque el político citado afirmó que las ciudades de Ceuta y Melilla “son marroquíes”. Y algunos opinaron sobre el tema sin haber visto di-rectamente la citada entrevista y en la que se aclararon algunos extremos. También salió publicado en varios medios que el Ministerio de Asuntos Exteriores es-pañol había llamado “a consulta” a la Embajadora de Marruecos en España, cuando es sabido que la llamada a consulta se hace solo al propio Embajador en un país extranjero. Lo que llevó a cabo la número dos del Ministerio español, fue convocar a la Embajadora Karima Benyaich para pedirle “respeto a la soberanía e integridad territorial” de España, con referencia a las declaraciones del político marroquí.


En realidad, siguiendo la grabación de la entrevista, se ad-vierte que el periodista tenía especial interés en introducir a Ceuta y Melilla en el diálogo, cuando lo que realmente estaba en discusión, era el tema del Sahara. El Othmani lo que hizo fue mantener la postura oficial de su país y, cuando se le insistió sobre las ciudades españolas, contestó que eran marroquíes y la política de Marruecos respecto a ellas es ahora la inacción porque se trata de un tema que “llevaba cinco o seis siglos pendiente” y que en algún momento habría que plantearse, pero en este, la prioridad es el Sahara, afirmó.


De esas declaraciones hay que extraer varias enseñanzas, la primera ya conocida, es que consideran que Ceuta y Melilla debe-rían ser marroquíes y se trata de un tema pendiente desde 1415, hace más de seis siglos, por lo que suelen llamarlas ciudades ocupadas, cuando no los presidios del norte. Se deduce igualmente que el tema prioritario es el Sahara, sobre todo después de las declaraciones al respecto del líder de Unidas Podemos que es nada menos que Vice-presidente segundo del Gobierno de España.


Pero lo que no se dijo y resulta evidente es que Marruecos, aunque pretenda resolver la cuestión del Sahara antes de abordar los temas de Ceuta y Melilla, ha metido en el proceso a las Islas Canarias, generando de paso una fuerte presión económica sobre las dos ciudades españolas y migratoria en las Islas. No olvidemos el mapa del Gran Marruecos, delante del que se fotografió un posterior Presidente del Gobierno de España. En aquella ocasión, el citado mapa com-prendía el Sahara, Mauritania, las Islas Canarias, Andalucía y otros territorios. De esta cartografía de Allal el Fasi, líder del partido Istiqlal fallecido en 1974, hay varias versiones y declaraciones sobre Canarias pero, en definitiva, los habitantes de las Islas se han dado cuenta que desde las aguas territoriales a la inmigración ilegal, están en el punto de mira de Rabat. Mención especial merecen las citadas aguas territoriales y su correspondiente zona económica, donde con la extensión marroquí no delimitada con las aguas canarias, pretenden explotar el fondo marino que supone ricas extensiones de petróleo y nuevos minerales para la industria del futuro.


Y es preciso reconocer que el Gobierno español no ha reaccionado de forma coordinada frente a una planeada estrategia que se materializa en la escalada que va desde el cierre de la Aduana de Melilla hasta el corte del tolerado comercio transfronterizo (que al menos les aplazaba un problema social como el paro en el Norte), pasando por la presión económica sobre Ceuta-Melilla y la avalancha de inmigrantes hacia Canarias, todo ello después de la citada ampliación de las aguas territoriales, sin contar con el aplaza-miento del viaje del Presidente Sánchez a Marruecos.


Ante esta avalancha de sucesos, el Gobierno español debe contar con los especialistas de que dispone, pero que sean expertos precisamente en negociaciones con Marruecos, porque a lo largo del tiempo han surgido numerosos incidentes con el vecino del sur y se dispone de diplomáticos y políticos que saben cómo funcionan estos movimientos a varias bandas que a veces operan de forma sucesiva, pero coordinada. Y siempre con base en el aprovechamiento de la coyuntura, en este caso la debilidad de un Gobierno dividido y sin claro apoyo internacional. En su momento se propuso la existencia de una Oficina en la Presidencia del Gobierno para llevar los te-mas relacionados con Ceuta y Melilla, a fin de hacer un seguimiento continuo de la situación y reaccionar convenientemente en cada caso.


Y uno de los razonamientos a favor de España, es que el gobierno marroquí parece no haber calibrado lo que Ceuta y Melilla aportan a Marruecos, sin tener en cuenta el eliminado comercio transfronterizo. Se transfieren al vecino país cantidades importan-tes en salarios de los trabajado-res transfronterizos, atención hospitalaria gratuita a súbditos de ese país, grandes gastos por mantenimiento de cientos de menores no acompañados, enseñanza sin cargo alguno a niños marroquíes, se aporta igualmente un destino complementario a los residentes en Tamuda Bay, realizándose además importan-tes compras de pescado. Y por cierto que la eliminación de ese comercio del pescado puede acarrear la incorporación de Ceuta a la Política Pesquera Común de la Unión Europea, a fin de dotar a la ciudad de su propia flota de pes-ca. Pero lo cierto es que todo es-te gasto que realiza España en beneficio de Marruecos no es contabilizado salvo por las Con-federaciones del Empresarios, para exponerlo al vecino país, so-lo a efectos estadísticos y de in-formación.


Lo que no es lógico ni prudente, es seguir soportando presiones varias en distintas zonas geográficas de España, sin reaccionar en cada caso con eficacia y decisión, conociendo la forma de ser y actuar de los marroquíes, la cual quedó patente a través del tiempo. Y en esa tarea que es un tema de política exterior, debían actuar unidos los distintos partidos políticos constitucionalistas, para eliminar esa baza de la división que ahora se está aprovechando y tanto perjudica a España.