También en la zona francesa hubo un desastre


El ataque de Abd el Krim y las bajas sufridas por el ejército francés tuvieron menos repercusión en España que el llamado desastre de Annual, pero conviene repasar esta parte de la historia del Protectorado.


En Abril de 1925, casi cuatro años después de la retirada de Annual, Abd el Krim se sentía dueño y señor del Rif. Los españoles habían abandonado sus posiciones y se retiraron incluso de Xauen, dejando todo el territorio en sus manos. Por otra parte, el emir del Rif consiguió ocupar Tazarut en Yebala, capturar a el Raisuni, colaborador de España en esos momentos y llevarlo a una prisión rifeña. Con estos éxitos Abd el Krim pudo dedicarse a gobernar, mientras su hermano mantenía vivos los frentes de la zona oriental con retaguardia española en Melilla y la occidental que se circunscribía a una zona alrededor de Tetuán y Larache.


Cuando todo parecía ir bien para los rifeños, Abd el Krim comenzó a considerar la idea de atacar la zona francesa para unificar el territorio del Rif. El Tratado hispano-francés de 1912 había fijado fronteras artificiales que dividían en dos varias cábilas que eran y se consideraban rifeñas. El Emir opinaba que su límite debía estar más allá del río Uarga y, para establecerlo allí, era preciso empujar a los franceses hacia el sur.


Con objeto de llevar a cabo sus planes, Abd el Krim debía abrir un tercer frente y enfrentarse a dos potencias occidentales a la vez. Él conocía todos los riesgos: ponía en peligro una de sus fuentes de abastecimiento ya que los franceses no actuaban enérgicamente contra el contrabando y los rifeños eran suministrados desde Argelia de todo tipo de armas y municiones; se enfrentaba a un personaje tan prestigioso como el mariscal Lyautey que ejercía como Residente general galo con un tipo avanzado de colonialismo y corría el riesgo de que los franceses y los españoles se unieran contra él, a pesar de que las posiciones de ambos países en Marruecos eran encontradas y la colaboración prácticamente nula. El líder rifeño dudaba entre lo que le dictaba su corazón y los halcones de Beni Urriaguel y el más elemental sentido común.

Sin embargo, los franceses hicieron un movimiento que decidió la situación. Como de hecho España había abandonado gran parte del territorio e informes llegados a Francia desde Marruecos decían de que los rifeños habían atacado la cábila de Beni Zerual robando sus reservas de víveres, el gobierno galo ordenó una operación para establecer posiciones al norte del río Uarga. En mayo de 1924 una fuerza formada mayoritariamente por argelinos y senegaleses para evitar deserciones, a las órdenes del general Chambrum cruzó el río y situó al otro lado una serie de fuertes y blocaos, bien construidos y con abundantes defensas y apoyos. Establecieron el cuartel general en Ait Aixa, en el centro del posible frente y dotaron al cercano aeropuerto de Ain Mediuna de cinco escuadrillas de aviones como apoyo. Trece notables de Beni Zerual, la cábila fronteriza, fueron fusilados por los franceses por supuesta conspiración a favor de Abd el Krim.



Cuando Abd el Krim abrió el tercer frente, en este caso en la zona francesa, las mujeres fueron tambièn movilizadas.


Entonces el líder rifeño tomó la fatal decisión. Empujado por los avances franceses que en realidad fueron un movimiento ordenado por Lyautey como auto-protección, necesitado de alimentos que ahora estaban a su alcance y desde luego presionado por sus hombres de confianza, Abd el Krim y su recién nombrado Gobierno de la República del Rif o Dawia Jumhuriya Rifiya, tomó la decisión de atacar la zona francesa.


Al amanecer del 13 de abril de 1925 cinco harcas rifeñas compuestas por cuatro mil cabileños atacaron por el Uarga la zona francesa del protectorado. En la primera embestida que duró unos cuatro días, la línea francesa de defensa cedió y todo el dispositivo fue derrumbándose en una terrible masacre que hizo llegar a Abd-el-Krim a sólo treinta kilómetros de Fez. El ejército colonial francés fue presa de una terrible confusión y entonces se empezó a comprender la posición de los militares españoles en la terrible guerra que se libraba al norte. Los franceses se habían burlado del ejército español considerando que ellos jamás podrían sufrir una derrota como las de Annual o Monte Arruit. Sin embargo, ahora se encontraban atrapados en la lucha más sangrienta y destructora que nunca conocieron en el norte de Africa.


El Mariscal Lyautey no había confiado mucho en que resistieran los fuertes del Uarga. Predijo que este ataque tendría lugar más tarde o más temprano y solicitó refuerzos con bastante tiempo. Sin embargo esos refuerzos no habían llegado y ahora tenía que hacer frente a la difícil situación con las fuerzas de que disponía. El anciano mariscal organizó el dispositivo francés en tres frentes: al oeste de Uazan, bajo el mando del general Colombat; la parte central con el coronel Freydenberg; y al este en Taza, el coronel Combay. Todo el frente se puso bajo el control del general Chambrun, en Ait Aixa.


El mando francés optó por constituir fuerzas móviles que acudían donde eran requeridas al producirse ataques rifeños. Estos grupos móviles estaban constituidos por un abanico de tropas coloniales: spahis argelinos, tiradores marroquíes, legión extranjera montada, gums, fuerzas del Majzen, algunos batallones de senegales, partisanos, etc.


Los sesenta y cuatro mil hombres de Lyautey habían sufrido un serio descalabro. En el imparable ataque rifeño perdieron a finales de Junio cuarenta y ocho de las sesenta y seis posiciones francesas y, además, cincuenta y un cañones, doscientas ametralladoras, cinco mil fusiles, más de siete millones de cartuchos, dieciséis mil proyectiles de artillería, sesenta mil bombas de mano y fusil y treinta y cinco morteros con diez mil proyectiles. Tres aeroplanos ardieron junto al aeródromo de Ain Meduina, perdiéndose 35 bidones de gasolina. Dos mil indígenas del ejército galo fueron cogidos prisioneros y la mayoría se pasaron a las huestes de Abd el Krim, formándose con ellos una harka para atender cañones y ametralladoras. Nunca existieron estadísticas fiables sobre los muertos y heridos franceses y de tropas coloniales en aquella terrible campaña.

El ejército rifeño en dos meses de lucha sufrió solamente 43 muertos con 23 heridos y el hermano de Abd - el - Krim se permitió el lujo de dar quince días de permiso a sus hombres, dejando guardias para seguir instigando a las posiciones francesas.



El Residente General francés Hubert Lyautey que había previsto el ataque rifeño pero no pudo contenerlo con las fortificaciones realizadas al norte del rio Uarga (Foto revista La Esfera).


Tras una visita urgente del Mariscal Petain a Marruecos, se acordó poner todas las fuerzas bajo su mando y reforzar el ejército, aportando un contingente de cien mil hombres de refresco que llegó a Marruecos inmediatamente. Esta importante contribución que estuvo acompañada de ingente material, empezó a notarse enseguida. Abd-el-Krim sabía que la forma europea de hacer la guerra suponía un derroche de hombres en cuanto a vigilancia de convoyes militares, bajas por enfermedades, etc. y por tanto, mantuvo su táctica de gran movilidad para poder seguir venciendo al ejército francés. Como dice Woolman , para los franceses “uno de los aspectos más inquietantes de aquella guerra era la extraordinaria habilidad de los rifeños en deslizarse hasta el interior de sus líneas sin ser detectados. Los rifeños con frecuencia apuñalaban a los centinelas robándoles los fusiles en campamentos abiertos; y aún cuando los franceses solían dormir con sus fusiles atados a las muñecas y las culatas enterradas en el suelo a sus pies, muchas veces rifeños desnudos y untados de aceite conseguían introducirse silenciosamente en los campamentos apropiarse de los fusiles degollar a sus propietarios y salir por donde entraron”. Esto da idea de la difícil campaña que súbitamente debió afrontar el ejército colonial galo. En estas circunstancias no quedó otra solución a los franceses que llegar a un acuerdo con España, a pesar de sus particulares opiniones sobre la combatividad y preparación de su ejército. De estos diálogos de 1925 salió el convenio para acabar definitivamente con el problema de Abd-el-Krim mediante el desembarco de Alhucemas que se produjo en septiembre. El mariscal Lyautey, sintiéndose fracasado, dimitió en diciembre de 1925.


Uazán fue ocupada en el mes de Agosto por la columna del ya general Freydenberg, que usó en esta campaña un gran número de tanques y otros vehículos blindados para poder abrirse paso hacia el Norte. Concretamente el 10 de agosto, las tropas francesas y españolas tomaron contacto por primera vez en el frente. Ciento sesenta mil hombres al mando de Petain y doscientos mil con Sanjurjo, presionando sobre el Estado rifeño, hicieron que una potente ofensiva a lo largo de todas las líneas consiguiera expulsar para el mes de septiembre de 1925 a los rebeldes de la zona francesa, dejando la línea del río Uarga donde se encontraba en 1924. Y a todas estas operaciones se le llamó en Francia la tache de Taza.


La gran ofensiva rifeña hacia el Protectorado francés tuvo una gran importancia, no sólo porque el botín y el terreno capturados fueron enormes como fue impresionante la hazaña de vencer al ejército galo, sino también porque supuso el principio del fin para Abd-el-Krim. Él siempre opinó que España y Francia no se entenderían, pero este ataque hizo que los nunca dialogantes sobre una acción conjunta en Marruecos, se sentaran a la misma mesa, hablaron en profundidad del problema rifeño y llegaran a un acuerdo que culminando con el desembarco de Alhucemas, supuso el derrumbamiento de la república del Rif y la posterior rendición y confinamiento de Abd-el-Krim.