30 de junio de 1911: los Regulares de Marruecos (y 3)


Cuando llegó el mes de julio de 1921, España afrontó la difícil experiencia de Annual, con las fuerzas Regulares en su peor momento: oficiales a veces sin experiencia en el mando de estos soldados por la intervención de la Juntas de Defensa, sueldos escasos y pagados con retraso, desconfianza en ellas y desprecio de los Regulares por los soldados peninsulares, ya que estos no combatían casi nunca.

Después de Abarrán, se empleó masivamente a los Regulares en los convoyes que pretendieron abastecer Igueriben.


En uno de esos intentos dirigido el 17 de julio de 1921 por el capitán Cebollino von Lindeman al mando de su Escuadrón de Caballería de Regulares, se consiguió llevar un convoy con 56 cargas hasta la posición y regresar soportando un intenso fuego de los sitiadores. Tras varios días con algunos fracasos y después de haber sufrido gran número de bajas, sometidos a la propaganda de Abd el Krim para que desertaran y observando el nerviosismo de los mandos españoles, los Regulares de Annual estaban inquietos en su campamento. Tropas peninsulares habían sido destinadas a vigilarlos y se les regateaba la munición y el armamento.


Julio, 1921. "España afrontó la difícil experiencia de Annual, con las fuerzas Regulares en su peor momento"


Todo esto explica en parte que se produjeran deserciones de Regulares durante la retirada, lo cual influyó poderosamente en la moral de las tropas europeas. El Expediente Picasso dice al respecto “Explicable es, por consiguiente, que, acostumbrado el soldado a la protección de las fuerzas indígenas, al faltarle su apoyo, desafectas y volviendo sus tiros contra él, se sintiera desamparado y abdicase de su moral, que no ayudaran a levantar ciertamente ni las circunstancias ni el escaso ascendiente puesto en juego por la oficialidad, también decaída en su espíritu”.

Sin embargo, junto a las noticias de las deserciones de Regulares, llegaban a Melilla otros Regulares desde Ceuta que, al mando de González Tablas, contribuyeron a la defensa de la ciudad y a la posterior reconquista del territorio perdido.

Fue después de la proclamación de la Dictadura por el General Primo de Rivera, cuando las Fuerzas Regulares desarrollarían su mayor actividad, consiguiendo señalados éxitos.


Loma de los Morabos, 1926. "Quizás valga como ejemplo la llamada por los corresponsales de prensa batalla de la Loma de los Morabos que tuvo lugar los días 8, 9 y 10 de mayo de 1926"

Quizás valga como ejemplo la llamada por los corresponsales de prensa batalla de la Loma de los Morabos que tuvo lugar los días 8, 9 y 10 de mayo de 1926. En ella intervinieron sobre todo fuerzas de Regulares de Melilla, de Ceuta y de Larache con jefes tan destacados como Balmes, Fixer, Varela, Mola y otros, complementados por La Legión.

Después del desembarco de Alhucemas que tuvo lugar en septiembre de 1925, las tropas estuvieron detenidas en un pequeño perímetro alrededor de la costa y, en la primavera del año siguiente, tras fracasar las negociaciones con Abd el Krim, se reinició el avance. Los rifeños habían tenido tiempo de reorganizarse y crearon una línea de fortificaciones defensivas al estilo europeo asesorados por desertores extranjeros entre los que se encontraba Joseph Klems, de la Legión Extranjera francesa.


Loma del Cañón. "Después de una intensa preparación artillera, la Harka de Tetuan y los Regulares de Melilla atacaron la Loma del Cañón que fue ocupada al asalto"

Las trincheras enlazadas y los nidos de ametralladoras se extendían en cuatro lomas llamadas de las Trincheras, de los Morabos, del Árbol y del Cañón. Antes de conseguir ocupar ninguna de las posiciones citadas ya se habían sufrido 51 bajas de oficiales y 761 de tropa. El Gobierno desde Madrid ordenó suspender la operación pero, a pesar de todo, ésta continuaría.

Después de una intensa preparación artillera, la Harka de Tetuan y los Regulares de Melilla atacaron la Loma del Cañón que fue ocupada al asalto. Más difícil fue desalojar la Loma de las Trincheras donde los rifeños resistieron hasta el último hombre y tuvo que ser ocupada en lucha cuerpo a cuerpo por los Regulares de Ceuta y los legionarios de la octava Bandera, todos dirigidos por Varela.

La batalla de la Loma de los Morabos supuso la ruptura del frente rifeño que permitiría el avance hacia el corazón del Rif y una de sus principales consecuencias fue la rendición de Abd el Krim a los franceses unas jornadas después. En tres días fueron baja setenta y seis oficiales y más de mil soldados, la mayoría Regulares. Entre los muertos se encontraba el coronel Fixer.

62.000 fusiles. "Casi 62.000 fusiles se recogieron en todo el territorio y los Regulares, a lo largo de Marruecos, volvieron a sus cuarteles para cooperar en la larga paz que viviría el Protectorado de Marruecos a partir de entonces"

Ya no se producirían actos conjuntos de deserción. Muy al contrario, unidades de Regulares se mantuvieron firmes en posiciones de difícil socorro.

En la zona occidental, en Yebala, los Regulares ocuparon el Yebel Alam, lugar santo para los musulmanes y poco después, el 10 de julio de 1927 el General José Sanjurjo firmó el Parte que ponía fin a la guerra. Casi 62.000 fusiles se recogieron en todo el territorio y los Regulares, a lo largo de Marruecos, volvieron a sus cuarteles para cooperar en la larga paz que viviría el Protectorado de Marruecos a partir de entonces.