Reflexiones sobre la OTAN


A la vista de las novedades que se anuncian en la Alianza, parece conveniente hacer unas reflexiones sobre el caso de las dos ciudades norte-africanas en relación con la Alianza Atlántica.


Este trabajo se publicó en El Faro de Ceuta el 22 de septiembre de 1996, hace 25 años y fue transcrito en el libro Ceuta, problemas y soluciones (Interservicios. Ceuta 1997). Se reproduce seguidamente, dada la próxima celebración de la Cumbre de la OTAN en Madrid, junto a las noticias aparecidas sobre la situación de las Ciudades Autónomas respecto a la Alianza.


Unas recientes declaraciones de Javier Solana aparecidas en los medios de comunicación locales han reavivado en nuestra ciudad la vieja polémica sobre la situación de Ceuta y Melilla respecto a la cobertura de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Por ello, a la vista de las novedades que se anuncian en la Alianza, parece conveniente hacer unas reflexiones sobre el caso de las dos ciudades norte-africanas en relación con la mencionada Alianza Atlántica.


Algunos datos básicos

Los aliados occidentales que vencieron a las potencias del Eje, se encontraron muy pronto con otro peligro, representado por la Unión Soviética y los entonces llamados países satélites. Para oponerse en caso necesario a lo que se consideró una política expansionista de las naciones citadas, el 4 de Abril de 1949, mediante el Tratado del Atlántico Norte, se creó esa nueva asociación política y se constituye inmediatamente el organismo que le da vida, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).



La definición de los territorios cubiertos por el referido Tratado que se firmó en Washington, se encuentra en el artículo 5 del mismo, revisado posteriormente por el artículo 2 del Protocolo de accesión de Grecia y Turquía a la OTAN. En el mismo se establece la siguiente previsión territorial respecto a lo que se considera un ataque armado:


  • Contra el territorio de cualquiera de las partes en Europa o en América del Norte, contra los departamentos argelinos de Francia, contra el territorio de Turquía o contra las islas bajo jurisdicción de cualquiera de las partes en el área del Atlántico Norte al norte del Trópico de Cáncer.


  • Contra fuerzas, buques o aeronaves de cualquiera de las partes, que estén en dichos territorios o encima de ellos o en cualquier otra área de Europa en la que estuviesen estacionadas fuerzas de ocupación de cualquiera de las partes en la fecha en que el Tratado entró en vigor, o en el mar Atlántico Norte al norte del Trópico de Cáncer”.


Vale la pena hacer dos consideraciones, primera que el Trópico de Cáncer penetra al Sur de las Islas Canarias en África por Dakla (la antigua Villa-Cisneros) en el antiguo Sahara español, atraviesa por el sur de Argelia continua por Libia, Egipto cerca de Assuan, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos; y segunda que quedaron incluidos los departamentos argelinos de Francia, haciendo una excepción al principio general. Quizás la negativa experiencia de la sangrienta descolonización de Argelia, aconsejó a los aliados no establecer más de las referidas excepciones y cuando España se incorporó en 1982, quedaron fuera del ámbito territorial cubierto por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), las ciudades españolas de Ceuta y Melilla.


La situación actual

Desde aquellos tiempos de la Guerra Fría y las tensiones Este-Oeste a través del mundo entero, ha llovido mucho. Al disolverse la Unión Soviética, producirse la reunificación de Alemania, caer el Muro de Berlín y celebrarse elecciones en los antiguos países comunistas, ha cambiado completamente la situación. Sin embargo, la OTAN mantiene activo un larguísimo frente que se extiende desde Turquía hasta Noruega, bajo la supervisión del SACEUR (Supreme Allied Command in Europe) en el centro neurálgico de la Organización llamado SHAPE (Supreme Headquaters Allied Powers in Europe). En este inmenso despliegue están involucrados 65 mandos en tres escalones que cubren prácticamente todos los países con un presupuesto de 225 millones de dólares al año, para cubrir, con el 15 por cien, los gastos de defensa y los 20.000 mandos que existen.


Aunque hay quién opina que es necesario mantener esta inmensa estructura por la incertidumbre que domina el ejercicio del poder en Rusia, lo cierto es que la Alianza ha decidido abordar su reforma porque incluso las misiones que se están desarrollando distan mucho de las previstas en principio. Y en esta OTAN renovada va a participar España, incluso en el aspecto militar, según todos los indicios: el Rey ya dio una idea general y posteriormente, tanto el presidente Aznar como los ministros Matutes y Serra coincidieron en que se iba a entrar en la estructura militar, vedada antes por el referendum de 1986 si se daban tres condiciones: “que se trate realmente de una nueva estructura militar, que en ella esté reconocida la identidad europea y que España encuentre una posición y unas responsabilidades que correspondan a su contribución” .



Las distintas posiciones sobre Ceuta y Melilla

Según Jaime de Ojeda, que fue Embajador en la OTAN y en Estados Unidos, España defendió en su día que Ceuta y Melilla debían estar incluidas en el territorio que protege la Alianza con base en el precedente de Argelia, pero no fue posible por varias razones: su modelo de integración fuera de la estructura militar la situaba en una posición más débil que la de los países que se oponían a la inclusión de Ceuta y Melilla, particularmente los del norte. Y puede que igualmente tuviera alguna influencia la existencia del mando del Estrecho que estaba a cargo de los británicos de Gibraltar (GIBMED) que podrían encontrar una competencia, sobre todo en Ceuta.


España no consiguió sacar adelante sus tesis de incluir a Ceuta y Melilla en la cobertura de la Alianza y, en aquella ocasión, se optó por fingir un feliz acuerdo que realmente produjo agrias diferencias que fueron saldadas con la exclusión de Ceuta y Melilla y el silencio político, solo contestado por los habitantes de estas ciudades. En aquel momento, se estimó que, de todas formas, la protección de la OTAN no era imprescindible para la defensa de las dos plazas. Como apunta el mencionado Jaime de Ojeda “Un ataque contra ellas exigiría necesariamente un ataque a la península y quizá también a las islas Canarias, que naturalmente caería bajo el alcance del artículo 5. Existía además la incertidumbre de los peñones que constituyen islas en el Mediterráneo y por tanto están incluidas en el territorio del Tratado. Por último, es difícil concebir un ataque a Ceuta y Melilla que no envuelva a buques y aviones españoles, que caen igualmente bajo la protección aliada”.


La nueva OTAN y Ceuta

Las declaraciones de Javier Solana sobre Ceuta y Melilla suponen reiterar la posición anterior de los países integrantes de la estructura militar, precisamente porque actúa en este caso como Secretario General de la OTAN y no como ex-ministro español. Juega exactamente su papel. El de los negociadores españoles será con toda seguridad justamente el contrario: intentar de nuevo que Ceuta y Melilla queden cubiertas explícitamente por la protección de la Alianza, dependientes del llamado Mando Sur que comprende parte del Mediterráneo y todo esto sin estar sometidos de ninguna forma a la molesta presencia de Gibraltar y su conocida eficacia respecto a la Alianza.


En este momento hay varios factores que jugarían a favor de esta postura española que preconiza la ampliación a las ciudades comunitarias del norte de África del paraguas protector de la OTAN. Primero, porque la Alianza se inclina ahora por abandonar esa vieja estructura del gran frente integrado a que antes nos referíamos a favor de “mandos regionales flexibles y móviles” que coincide con el modelo de participación que ha tenido España y que es precisamente la estructura que pueden aportar Ceuta y Melilla en una zona realmente conflictiva. Cuando Argelia se encuentra en una profunda crisis y Marruecos profundiza en su relación con el mundo occidental pero en un momento de transición más o menos próxima, la presencia militar de la OTAN en Ceuta y Melilla pueden resultar conveniente para la propia Alianza en su conjunto. No hay que olvidar que se contaría con dos bases servidas por fuerzas de la Alianza, una situada muy cerca de Argelia y otra incrustada en Marruecos y próxima a la Península para tranquilidad también del país magrebí.


Un tema importante que no debe ser tratado superficialmente y que será objeto de debate entre las fuerzas políticas y los ciudadanos de Ceuta y Melilla.